Cine/TVMultimedia

Para espiarte mejor

Nacidas durante la Guerra Fría, las películas de espionaje gozan de una popularidad asombrosa hoy en día, a pesar de los cambios históricos. Origen y misterio de un género inoxidable.

Desde hace décadas un debate atrapa cada tanto a los fanáticos del cine: ¿quién será el nuevo actor que interpretará a James Bond? Son muchos quienes aspiran a ponerse el traje que antes usaron Sean Connery, George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y el reciente Daniel Craig para encarnar al espía más famoso de los últimos 60 años. Aún con las inevitables polémicas sobre el contexto sociopolítico y los estereotipos que el personaje reforzó durante años, este agente secreto con “licencia para matar” sigue mostrando una vigencia envidiable en nuestros días. Es la máxima expresión de la fascinación que ejerce la figura del espía, un arquetipo narrativo que no para de reinventarse en la pantalla cinematográfica.

Desde la súper-acción de las sagas de Misión Imposible y Jason Bourne hasta el retrato de un momento histórico concreto como Puente de espías de Steven Spielberg, pasando por el tono cómico de Spy y Kingsman, los últimos años estuvieron superpoblados de agentes secretos. Este es un buen motivo para definir algunas de las características de estos filmes y preguntarse por qué atraen tanto al público desde hace décadas.

Espías literarios: Las raíces novelescas del género se encuentran en la atmósfera de los libros “de misterio” de la época victoriana, aunque sin el trasfondo político. Fue Joseph Conrad con su obra fundacional El Agente Secreto, ambientada en el marco de las luchas anarquistas de su época, quien en 1907 dio el puntapié inicial a un estilo muy imitado. La temática se instaló de forma definitiva a mediados del siglo XX, al iniciarse la Guerra Fría. Entonces dos escritores ocuparon el centro de atención: Graham Greene (El Tercer Hombre, Los Comediantes, El Americano Tranquilo) y John Le Carré (El Espía que Surgió del Frío, El Topo, El Sastre de Panamá), cuyos títulos fueron adaptados al cine en muchas oportunidades. Ambos tienen en común algo que se repitió en otros colegas: trabajaron como espías en distintos periodos para el gobierno inglés.

My name is Bond: Ian Fleming también fue empleado de los servicios secretos de Su Majestad, pero sus creaciones literarias tuvieron un tono muy diferente a las obras de Greene y Le Carré. Cuando en 1952 editó Casino Royale, primera aventura protagonizada por James Bond, jamás imagino el impacto popular que sus libros tendrían, introduciendo al espionaje pop en el inconsciente colectivo de todo el mundo. Durante esos primeros años las novelas de 007 gozaron de gran éxito popular, aunque los críticos señalaron que sus historias no tenían marco ético y que abundaban en voyerismo y sado-masoquismo. El prestigioso historiador Paul Johnson llegó a decir de Dr. No era “el libro más desagradable que había leído”. Todo cambió cuando en 1961 los productores Harry Saltzman y Albert Broccoli compraron los derechos de los libros de Fleming para adaptarlos al cine. El escocés Sean Connery fue seleccionado para interpretar al personaje, añadiéndole un sentido del humor irónico que está ausente en las novelas. Al día de hoy los filmes del agente llevan recaudados más de 7 billones de dólares, aunque no todas las entregas gozaron de la aprobación del público.

Héroes anónimos: Tres años después de que Bond debutara en el cine se estrenó El espía que surgió del frío, adaptación de una novela de Le Carré que mostraba al espionaje de una forma muy poco glamorosa. Allí Richard Burton interpretó a un agente que es relegado por las autoridades a llevar una vida gris como bibliotecario debido a su mal desempeño, cayendo en la depresión y el alcoholismo. Hacia el final el personaje señala que los espías son “sirvientes civiles jugando a cowboys vs. indios solo para darle algo de brillo a sus pequeñas vidas podridas”. Se trata de un empleo de alto riesgo, donde el gobierno no duda en soltarle la mano al agente si falla en su misión. Además, sus logros pasan desapercibidos para el gran público, ignorante de las verdaderas fuerzas que manejan el mundo. Esto crea una sensación de inmoralidad en el héroe, que muchas veces siente formar parte de algo monstruoso. “Peleamos para del lado correcto solo porque es lo que hemos elegido creer” le dicen al agente Hunt en Mission Impossible: Nación secreta, aceptando que la ideología es también una forma de conformismo. Este desencanto creció con los años y su máximo exponente es El Topo, una adaptación de Le Carré del año 2011 llena de personajes herméticos, solitarios y desesperados que no logran nunca abrir su corazón

Chicas de armas tomar: “Yo pienso que usted es un sexista, un dinosaurio misógino” le dice M, interpretada por Judi Dench, a Bond en Goldeneye (1995). Se trató de un acto de justicia ante películas que abusaron mucho tiempo del recurso de la “damisela en apuros”, con mujeres siempre en peligro esperando a ser rescatadas por el protagonista, mientras lucían un espectacular vestuario (o ninguno en algunos casos). La aparición de Dench como una figura de autoridad en la saga supuso un cambio de paradigma y hoy es común que los personajes femeninos tengan un peso equivalente al del héroe, siendo centrales en la trama. Por ello en el año 2015 Vanity Fair publicó un artículo con el título de “La muerte de la Bond Girl es lo mejor que le pasó a las mujeres en Hollywood” en alusión al oxidado estereotipo de chica bond. Allí repasó varios roles femeninos recientes, como la comedia Spy con Melissa McCarty y Rose Byrne y The Man from U.N.C.L.E. con Alicia Vikander. Se trata de personajes que atrapan y empujan la acción hacia adelante, lejos del simple papel ornamental de antaño. Y por supuesto que no hay que olvidar al trío Franka Potente, Julia Stiles y Joan Allen, que ayudó al Jason Bourne de Matt Damon durante los tres primeros filmes de la franquicia, y a Charlize Theron en Atomic Blonde.

Alrededor del mundo: De Londres a Budapest, de New York a Bombay, de Paris a alguna isla del Caribe; el cine de espías es un género viajero por excelencia y sus personajes se mueven constantemente por todo el planeta. Pero estos cambios de escenario no solo tienen un fin turístico, ya que al visitar ciudades y paisajes las historias logran transmitir una sensación de conspiración global fundamental para el tono de las historias. Por otro lado, esta variedad de locaciones puede ser aprovechada para crear escenas espectaculares filmadas con virtuosismo. Aquí se nota la influencia de Alfred Hitchcock, maestro en el arte de incorporar imponentes escenarios reales en la trama de sus films. ¿Qué son clásicos como Notorious, El Hombre que sabía demasiado e Intriga internacional si no tempranos antecedentes del cine de espías?

Parodias: Por el carácter inverosímil de muchas de sus premisas, como ese agente secreto que poco tiene de secreto o lo rebuscado de los artefactos que este usa, las películas de espionaje ofrecen mucho material para la parodia. Ya en los 60’ el cine americano respondió al éxito de la saga Bond con su agente Derek Flint, interpretado por James Coburn en un tono muy poco serio. En paralelo desde la pantalla chica El Superagente 86 se burló de todos los lugares comunes del género con inteligencia, logrando una vigencia que llega hasta nuestros días. Desde entonces comediantes como Leslie Nielsen en Spy Hard, Rowan Atkinson en Johnny English y Mike Myers en la trilogía Austin Powers no pudieron resistir la tentación de reírse del universo del espionaje.

En Kingsman: The Secret Service Colin Firth mantiene una charla con el millonario excéntrico interpretado por Samuel L. Jackson sobre las viejas películas de Bond y ambos confiesan sus fantasías infantiles al verlas: el primero soñaba con ser un villano megalómano mientras que el segundo se imaginaba como un caballeroso espía. La escena es un resumen sobre el presente del género: los límites se desdibujaron y en el fondo los buenos y los malos se parecen cada vez más. En un mundo regido por el dinero y las traiciones ya no es posible defender las ideologías del pasado. En la era de Julian Assange, Edward Snowden y las guerras transmitidas online la actividad no parece responder a banderas concretas, sino que forma parte de una lucha más grande cuyos verdaderos límites son difusos, con grandes decisiones que se toman frente a la pantalla de una computadora con mínima participación del Estado y sus agencias de vigilancia.

Por último, hay que decir que el espionaje es una forma refinada de voyerismo, algo que lo emparenta tanto con la naturaleza del cine y como con los inofensivos chismes de barrio. Quizás allí está la explicación del éxito de todas estas películas. A todos nos gusta espiar un poco, solo que siempre sostenemos con fuerza nuestra máscara para no admitirlo.

Mostrar más

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba

Bloqueador de anuncios detectado

Por favor, considere ayudarnos desactivando su bloqueador de anuncios