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Poder decir adiós

Este 4 de septiembre falleció Gustavo Cerati, tras estar más de 4 años en coma tras sufrir un ACV. Nos dejó uno de los mejores artistas nacionales.

No siempre es fácil despedir a alguien, más si es para siempre. Lo más difícil sin dudas es para la familia, para los amigos, para los afectos. La noticia sostiene que Gustavo Cerati murió un 4 de septiembre de 2014, y eso conmocionó mucho a sus fanáticos, seguidores, artistas, deportistas, «celebridades» y a buena parte de Latinoamérica.

La información del deceso del ex líder de Soda Stéreo cayó como un balde de agua fría, aunque debido a su situación (estuvo más de 4 años en coma por un accidente cerebro vascular –ACV- ocurrido en Caracas, Venezuela) no fue del todo sorpresiva.

Con 55 años, Cerati se convirtió, desde hace muchos años, en todo un referente de la cultura nacional y porque no latinoamericana.

Es que el cantante y guitarrista se ganó ese lugar, primero con la banda que formó junto a Zeta Bosio –bajo- y Charly Alberti –batería- después en su no menos exitosa carrera como solista.

Tras luchar contra la adversidad y luego de generar una pequeña luz de esperanza el corazón de Cerati dijo basta. Un para respiratorio fue lo que provocó el deceso del artista tras muchos años de aquel ACV.

«Gustavo murió sin ningún tipo de sufrimiento», fueron algunas de las palabras vertidas por el director de la clínica Alcla, donde se encontraba internado.
Los facultativos de ese lugar sostenían que pese a las limitaciones que tenía el músico tenía una comunicación bastante particular con su madre, esa luchadora que lo acompañó durante este triste momento.

Un mar de saludos y pésame invadieron las redes sociales. Muchas personas llorando desconsolados por la pérdida física de uno de los mejores artistas que dio nuestra tierra en todos los tiempos. Otros mostraron su angustia, algunos entendieron que «dejarlo partir» era lo mejor debido a su cuadro. Los medios de comunicación de Argentina y de otros países reflejaron la noticia, repasaron su historia, mostraron sus obras, su legado.

Seguramente mucho se dijo y se dirá sobre la partida de este gran «ídolo» que con sus canciones, con sus melodías contagió a varias generaciones, ganándose la admiración de muchos.

La música nuevamente está de luto, porque perdió a uno de sus mayores exponentes –para varios el más importante-. Sus obras son un legado de altísimo valor cultural.

Vaya uno a saber que camino tomará. Pero uno trata de imaginarse que en «algún lado» se juntará con el Flaco Spinetta, con Luca Prodan, con Pappo, con Miguel Abuelo, con Federico Moura, con el «Bocha» Sokol, con la «Negra» Sosa, con Sandro, con Carlos Gardel, con Astor Piazzolla, con Osvaldo Pugliese, con el «Polaco» Goyeneche, con Edmundo Rivero, con Atahualpa Yupanqui, con Facundo Cabral, con Jorge Cafrune, con Gilda, con Rodrigo, y con tantos otros referentes de la cultura nacional.

Por eso volvemos al primer concepto que planteamos que no es fácil despedir a alguien para siempre. Se torna más difícil cuando uno quiere a esa persona o la admira por lo que hizo. Pero lamentablemente en algunos casos no hay nada más lejos que la realidad. Parafraseando una de las letras de sus canciones «poder decir adiós, es crecer». Gracias Gustavo Cerati.

Por Ernesto Ramos

 

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