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Skates y platos voladores

Massacre tiene nueva placa, se trata de "Biblia - ovni" y es el noveno trabajo de estudio de la banda de Walas.

Quizás debido a su vitalidad y vigencia pocos advierten que Massacre es una de las bandas más antiguas del rock argentino. A punto de cumplir 30 años en la ruta, sin interrupciones, el grupo liderado por Walas pasó de ser figura central del under de los 80′ a liderar la escena hardcore-punk local, influenciando a muchos grupos jóvenes. Su reciente disco – el noveno de su historia – confirma el gran momento que atraviesan.

Con el enigmático título de «Biblia ovni» estas 11 canciones sostienen el sonido que el quinteto viene puliendo desde hace una década: dinámicos colchones de guitarras filosas que sirven de base a buenas melodías, que siempre desembocan en estribillos irresistibles. Las dos primeras canciones resumen bien estos dos condimentos. «Mi amiga soledad» es puro rock, mientras que «Niña Dios» proyecta un espíritu pop, con arreglos bien sofisticados.

Un sabor grunge tiene el crescendo de «La nave», con una letra llena de imágenes entre futuristas y religiosas. Todo se calma un poco con las guitarras acústicas de «Sin dormir». Entonces llega un punto fuerte del álbum con dos temas que en realidad conforman una mini-suite. Primero el extraño poema «Mi cabeza se ha ido» en el que el cantante de la barriga recita extraños párrafos («Se alimenta de una especie de burbujas de odio que incendiadas la enamoran de a gritos»). Un experimento insólito que termina fusionándose con «Muñeca roja» y sus coros infantiles, que seguramente invitarán al canto del público cuando suene en vivo. Una canción evidentemente influenciada por la impronta de Gustavo Cerati.

Antes del final aparece un acento épico en «Domadores de jaguares» y la invitación a elevarse de «Si quieren pueden volar», para cerrar todo con el optimismo de «Feliz noviembre». Según contaron los músicos en algunas entrevistas, el disco tiene una intención conceptual, hablando de un éxodo de la Humanidad que decide abandonar el planeta ante un inminente apocalipsis.

Lejos quedaron los tiempos en que estos skaters se llamaban Massacre Palestina y editaban en Trípoli Records, mítico sello independiente. Hoy la banda juega en primera y se da el lujo de que músicos históricos como Alfredo Toth y Pablo Guyot produzcan sus discos. Acompañan a Guillermo Walas Cidade los guitarristas Pablo «Tordo» Mondello y Federico «Fico» Piskorz, el bajista Luciano «Bochi» Facio y el baterista Carlos «Charly» Carnota. La banda sigue adelante, mientras jóvenes como Él mató a un policía motorizado y Bestia bebé recogen su estilo sonoro. Un premio a la constancia para estos veteranos del circuito alternativo.

Por Luis Alberto Pescara

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