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Te explico lo que digo

Como nos quedamos con gusto a poco decidimos seguir indagando sobre los dichos y refranes populares. La idea no es sólo nombrarlos sino que también explicar el verdadero significado que hay detrás de ellos.

Anteriormente vimos que eran los dichos y los refranes y la explicación de cada uno https://tupaladar.com.ar/2015/09/25/1654/  Ahora es el turno de seguir sumando esas frases que escuchamos cotidianamente.

«Me lo contó un pajarito»: en general, las aves siempre han tenido fama de ser portadoras excepcionales de buenas y malas noticias. Tanto en la Biblia cuanto en la literatura clásica abundan ejemplos de esta afirmación que certifican la vigencia del dicho. Una de las muestras antiquísimas de esa creencia es el difundido arte de predecir el futuro por el vuelo y el canto de los pájaros (augur, augurio…). Otra, más cercana en el tiempo, está representada por el uso de las palomas mensajeras, que han prestado siempre valiosos servicios a las tareas de información y comunicación. Todo ello explica la antigüedad de la frase me lo contó un pajarito, con la que solemos ocultar risueñamente el conocimiento del origen de alguna noticia llegada a nosotros de manera confidencial.

«No hay tu tía«: es una expresión que suele usarse ante los hechos consumados. Al oírla, el oyente comprende que no hay esperanza de cambio. Pero, ¿qué tiene que ver la tía de uno en todo este asunto? Ocurre que «tu tía» viene de la mala interpretación de atutía o tutía, término que significa «la costra que queda en la chimenea del horno después de procesar ciertos minerales». Con esta mezcla, se preparaba un ungüento que, como contenía óxido de cinc, favorecía la cicatrización. El dicho «no hay tu tía», derivación de «no hay atutía», se empleaba para indicar que una enfermedad no tenía remedio ni siquiera aplicando el preparado.

«Está más perdido que turco en la neblina»: la frase es producto de una larga deformación y para entenderla hay que partirla en dos. Primero es necesario aclarar que en «turca» en España es sinónimo de borrachera. ¿Por qué? Surge del vino puro, sin rebajar, al que rotularon como vino moro o vino turco, ya que no estaba bautizado. De ahí nace la expresión «agarrarse una turca». ¿Y lo de la neblina? Es producto de algún genio popular que imaginó las peripecias que tendría que hacer un borracho para llegar a su caso en medio de una espesa niebla. A partir de entonces, se usa para describir a alguien que está completamente desorientado, sin importar si bebió o no.

«A río revuelto, ganancia de pescadores»: en las situaciones donde hay confusión o dificultades las personas oportunistas o ingeniosas son las que obtienen provecho.

«Zapatero a tus zapatos»: es mejor dedicarse cada uno a los suyo y no opinar de lo que se ignora.

«Tirar manteca al techo»: viene de cuando los jóvenes de la alta sociedad de la década del ’20 salían a los cabarets de moda a tomar unas copas. Cuando terminaba la noche de despilfarro y fiesta, hacían una competencia en la que tiraban al techo los panes que tenían manteca con una especie de catapulta que armaban con algún cubierto que tenían a mano.

«Viva la pepa»: esta frase tiene que ver con el grito que usaban los liberales españoles en adhesión a la Constitución de Cádiz, promulgada en 1812.

«La verdad de la milanesa»: surge del eterno debate sobre el origen de este plato tan característico en la Argentina. Al principio, se aceptaba que la carne empanizada nació en Viena, ya que un clásico de la cocina austríaca es el schnitzel, muy parecido a una milanesa, luego difundido como wiener schnitzel o escalope vienés. En 1948, el mariscal austríaco Radetzky, enviado al norte de Italia para frenar la rebelión contra los Habsburgos, descubrió en Milán la receta original, la de los lombardos, que preparaban un escalope, impregnado en huevo y pan rallado y frito en manteca. Radetzky regresó a su país con la novedad de la receta mucho más antigua que la del wiener schnitzel. De esta manera comenzó la controversia sobre su origen. Luego, para colmo, intervinieron los alemanes, que presentaron un manual de cocina berlinesa de 1838, en el que describían la técnica de empanizar la carne. También ellos reclaman la paternidad de la milanesa. Sin embargo, en los menús de los restaurantes de Europa, incluida Italia, la preparación figuró hasta 1900 con su nombre austríaco (escalope a la viennoise).

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