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Un héroe nacional y popular

"El eternauta", el cómic nacional creado por Héctor Oesterheld que resultó innovador desde su comienzo.

Todos hablan de River y el Monumental por estos días. Ya sea porque el equipo del Pelado Almeyda juega los primeros partidos en su nueva categoría, los problemas internos del club o por lo conflictivo que es conseguir una entrada para los recitales de los próximos meses la atención siempre se fija en Núñez.

Sin embargo en ese lugar ocurrió una batalla épica en la que el futuro de la humanidad estaba en juego. Un episodio salido de la mente de uno de los creadores más importantes de nuestro país.

En la década del ’50 la historieta argentina vivía una era dorada. Revistas como «Hora cero» y «El rayo rojo» tenían cientos de seguidores semana a semana. Es en este entorno donde el guionista Héctor Germán Oesterheld unió fuerzas con el recientemente fallecido dibujante Fernando Solano López. Luego de colaborar con anterioridad en varias historias los dos unieron fuerzas para la mayor épica del cómic nacional: «El eternauta«.

Editada originalmente en publicaciones semanales de tres páginas en «Hora cero» entre 1957 y 1959, «El eternauta» resulta innovadora desde su comienzo. En un recurso de gran audacia para la época la historia comienza con el propio Oesterheld sentado en su casa y sorprendido por la materialización espontánea de Juan Salvo, quien da vida al personaje del título. Inmediatamente el recién llegado, le cuenta al guionista que se encuentra perdido en el tiempo buscando a su mujer e hija, a las cuales perdió en sucesos aún no ocurridos y que serán el eje de la historieta.

Mientras una noche cualquiera Salvo y sus amigos juegan al truco, escuchan una extraña noticia en la radio sobre una explosión en la zona del Océano Pacífico. Inmediatamente al mirar por la ventana advierten que la ciudad está cubierta con una nieve fluorescente que ha privado de la vida a varias personas. Ese será solo el comienzo de su periplo.

Cada uno de los personajes de la historia representa a alguien perfectamente identificable con la vida cotidiana. El protagonista Juan Salvo es trabajador industrial, mientras que sus amigos Favalli, Lucas y Polski representan a un intelectual universitario, a un burócrata y al típico jubilado argentino respectivamente. A ellos se sumarán el joven empleado de comercio Pablo, el historiador Mosca y el tornero Franco. Todas son personas comunes que pronto caen en la cuenta de que están en presencia de una invasión extraterrestre.

El grupo deberá afrontar distintas batallas, primero en la General Paz y luego en la cancha de River, uniéndose al ejército para luchar contra los invasores. A contramano de la figura clásica del héroe individual, «El eternauta» propone un héroe colectivo en el que la amistad y la solidaridad son importantes. Aquí se nota ya la concepción política que Oesterheld tenía del mundo; una militancia que irá haciendo más acentuada con el paso de los años.

Otro de los factores inquietantes de la historieta, es el hecho de que los verdaderos ideólogos de la invasión nunca aparecen. Cada una de las criaturas contra quienes los protagonistas se encuentran – los «cascarudos», el extraterrestre «Manos» o los «hombres-robot» – carece de voluntad y obedece ciegamente el mandato de «Ellos», los amos detrás del desastre. Esto puede ser leído como una crítica a la Guerra que empuja a inocentes a actuar con violencia o a la anulación de la libertad bajo un entorno totalitario.

Los hechos que Juan Salvo le cuenta a Oesterheld transcurren en 1963, o sea que aún no han ocurrido, por lo que nuestro héroe puede reencontrase con sus amigos y su familia. A su vez el guionista se propone realizar un cómic para advertir a la humanidad sobre la futura invasión.

Desgraciadamente la realidad supera a la ficción de la manera más dolorosa. Héctor Germán Oesterheld se unió a la agrupación Montoneros en los 70′ y terminó de escribir «El eternauta: segunda parte» desde la clandestinidad, justo antes de ser secuestrado y desaparecido por el gobierno militar en 1978. Se dice que durante su cautiverio fue obligado a escribir una historia sobre los héroes argentinos y que de esa manera pospuso el final. Los ribetes novelescos de su vida han hecho que el director Gustavo Mosquera esté planeando una película sobre él.

Por otro lado las posibilidades cinematográficas de «El eternauta» son ilimitadas y nombres como Fernando «Pino» Solanas o Adolfo Aristarain han sido citados como posibles directores. En los últimos años la salteña Lucrecia Martel fue tentada por el proyecto, aunque la producción parece estancada por problemas legales. Una pena, ya que son muchos los que sueñan con ver a Juan Salvo reencontrarse con los suyos luego de vagar por el espacio-tiempo.

Por Luis Alberto Pescara

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