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Un moderado homenaje al VHS

Mientras las plataformas de streaming atraviesan una crisis, hay un formato analógico del pasado que espera ser redescubierto ¿El mundo está preparado para volver al videoclub?

El proceso clásico de alquilar una película para disfrutarla en el hogar hoy es una antigüedad, pero para quienes pasaron sus años jóvenes en el siglo pasado el rito de acceder a una burbuja de ficción de esta manera remite a tiempos más simples, sin la intensidad e incertidumbre de la actualidad. Concurrir al videoclub en familia o con amistades, protagonizar un pequeño debate a la hora de elegir el título, sumado a esos minutos de acomodarse en la silla con los snacks a mano para acompañar el visionado, tenía un encanto vintage que en la era del streaming se ha perdido. Hasta las dificultades técnicas del reproductor de video, como los glitches, sonidos de tracking y el peligro latente de que el casete se trabara o fuera expulsado, tenían su magia.

No solo el alquiler contribuyó al imperio del video, sino también la posibilidad de comprar un film amado para volver a verlo una y otra vez. Como bien señaló Matt Duffer, una de las mentes maestras detrás de Stranger Things: “Muchas de nuestras grandes experiencias cinematográficas fueron en verdad experimentadas en nuestros hogares, en VHS. Eran películas que estaban en nuestras estanterías y, cuando eres un chico, no ves las películas una sola vez. Las veías 10 o 20 veces. Esas son las historias con las que crecimos y que se convirtieron en parte nuestra”.  En definitiva, ver películas en formato de video tuvo el mismo peso en la formación de nuestra personalidad que entablar relaciones en el colegio, practicar deportes o salir a bailar por primera vez. Un rito de pasaje al que se accedía gastando pocos pesos y apretando un botón. Una costumbre que fue muriendo de a poco, primero con la aparición del DVD, que desplazó con rapidez a los casetes, hasta sufrir un golpe mortal cuando el acceso a consumos audiovisuales online se normalizó a fines de la primera década de este siglo.

El viejo VHS no ha participado del proceso de recuperación que tuvieron otros formatos. Los discos de vinilo, las fotografías analógicas y hasta los casetes de audio protagonizaron sus revalorizaciones con distintos grados de éxito, pero el carácter poco práctico del formato físico de video, por su tamaño y poca calidad de reproducción de la imagen, no tuvo la misma suerte. Esto no evita que tanto Instagram como Tumblr, así como los múltiples programas de edición digital, ofrezcan la posibilidad de usar un filtro que recrea las imperfecciones del viejo VHS, porque, aunque hoy no estamos dispuestos a renunciar a la comodidad de las plataformas de streaming, todavía necesitamos rememorar esa textura tan cuestionable como querible. Y los recuerdos están hechos de texturas, como esa sensación de añoranza que sentimos por el mantel de hule de nuestra abuela o una golosina que era popular cuando éramos pequeños y ya no se produce.

Como vivimos dentro de una cultura que se recicla de manera constante, el encanto de la imagen de video es recuperado con distintos fines. Para empezar, están los artistas y performers que utilizan la estética del VHS en sus obras e instalaciones. Un ejemplo es el pintor suizo Andy Denzler, quien recrea en sus lienzos los barridos, manchas y distorsiones de una cinta en mal estado, encontrando una finalidad artística en esos frames que generaban mal humor cuando se producían. Otro ejemplo es el comediante británico Joseph Morpurgo, quien creó todo un show de stand-up utilizando cintas analógicas, contando una historia tan absurda como divertida. Pero quienes mejor parecen sacar provecho de la imperfección estética del videocasete son los realizadores de películas de terror, quienes constantemente lo utilizan como disparador de las historias o para acentuar su realismo. Fear Street 1 y 2, Censor y Malignant son ejemplos recientes de este recurso. Por último, hay que señalar que el subgénero estético-musical vaporwave también rescata esa textura retro, algo palpable en cada mix de YouTube de este estilo.

Aunque estas experiencias sean aisladas y despierten una sensación museística, cada tanto se encienden las alarmas sobre un posible retorno del formato. A fines de julio de este año la cuenta de twitter de Blockbuster, la mayor cadena de alquiler de video de la historia, volvió a la actividad después de años. “We are back from the grave” decía el mensaje ¿De qué tumba vuelve este gigante dormido? ¿Acaso este negocio puede mutar hacia un sistema distinto que le permita competir con Netflix, HBO Max, Disney + y demás servicios de streaming? Teniendo en cuenta que varias de estas plataformas atraviesan crisis internas con fusiones comerciales, cancelación de proyectos y baja rentabilidad, el escenario puede ser propicio. En todo caso este retorno es una buena para el último local de Blockbuster, ubicado en la ciudad de Bend, Oregon, Estados Unidos, el cual subsiste sin ningún tipo de apoyo corporativo gracias a su valor nostálgico. El sitio ofrece la posibilidad de albergarse en noches temáticas en las que se puede ver películas y jugar videojuegos, recreando la atmósfera de los años 80’ y 90’. Un paseo equivalente a visitar una civilización en ruinas hecha con trozos de nuestra memoria.

La casualidad quiso que Michel Gondry estrenara su película Be Kind Rewind en el año 2008, justo cuando la empresa JVC dejó de fabricar videograbadoras. El argumento gira en torno a un grupo de perdedores, entre ellos Jack Black, que accidentalmente borran todas las cintas del videoclub que debían atender. La solución que encuentran es filmar improvisadas versiones caseras de cada casete del local para alquilarlos, consiguiendo un insospechado éxito en su comunidad. En esta época de abundancia de remakes de dudosa calidad la historia resultó premonitoria, pero sobre todo sirvió como un homenaje a un formato que se extinguía justo en ese momento. Viendo el atractivo que aún ejercen esas cajas rectangulares llenas de cinta magnética sobre muchos de nosotros, la caída del video y su posterior resistencia nostálgica es una historia digna de ser rebobinada para ver una y otra vez.

 

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