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Un mundo de reacciones

El boom de los videos que registran personas reaccionando a los más variados tópicos, desde música vintage a películas caseras, es un fenómeno curioso y fascinante ¿Qué se esconde detrás de la pasión por ver experiencias ajenas?

Desde Manchester un inglés llamado Lewis Shawcross se filma viendo videos de clásicos del rock en español, rap y cumbia argentina o música latina bailable para luego compartir sus reflexiones. El joven inició su canal solo para matar el tiempo durante la cuarentena comentando un clip de Travis Scott junto a la española Rosalía y, para su sorpresa, obtuvo una enorme cantidad de comentarios de internautas hispanoparlantes. A partir de entonces se centró en reseñar música en español, ganando una enorme cantidad de seguidores que lo terminaron bautizando “Tío Lucho”. Sus reacciones a Soda Stereo, Naty Peluso, Luis Miguel, Proyecto Uno, Elvis Crespo y muchos otros artistas son sinceras, creando un acercamiento con sus fans más allá de las diferencias culturales.

El de Lewis es solo un ejemplo entre miles. En un breve recorrido por YouTube se pueden descubrir video-reacciones de niños viendo a números pop del pasado, espectadores presenciando por primera vez un momento intenso de Games of Thrones, gamers viendo a un colega perder en un juego e incautos shockeados al ver un accidente real registrado caseramente. En resumen, se trata de videos de gente mirando videos para registrar sus reacciones. Pero, lejos de ser solo una grabación de una persona teniendo una respuesta genuina, estos contenidos tienen ya un peso en el desarrollo de las estrategias de marketing, como ocurre con los grandes estudios que chequean las reacciones provocadas por los trailers de sus próximos estrenos para evaluar el grado de aceptación y hacer las modificaciones necesarias en el producto final. La espontaneidad es un valor con buena prensa tanto dentro del mundo virtual como en el real.

Es difícil precisar cuándo se originó esta tendencia, pero muchos señalan que algunos programas de televisión, especialmente en Japón, hace más de 30 años que muestran personas, usualmente celebridades, mirando un video ubicado en una esquina de la pantalla para retratar sus reacciones frente a su contenido. Con la llegada de internet hubo algunos tempranos antecedentes centrados en registrar el shock de personas al ver escenas truculentas o escatológicas (en 2007 la viralización de las reacciones ante el video explícito 2 girls 1 cup es un buen ejemplo), pero la consolidación del fenómeno se daría una década más tarde. En estas piezas lo importante no es lo que la persona ve, si no sus gestos. Las sonrisas frescas, los ojos de sorpresa, el ceño fruncido o las manos que se tapan la cara ante un momento incómodo son las estrellas de esta moda.

¿Qué se esconde detrás de esa fascinación por observar la autenticidad ajena? Una explicación simple y romántica es que nos gusta revisitar la sorpresa que producen las primeras veces. Nunca volvemos a repetir la sensación de descubrir una canción que luego amaremos por siempre o el asombro ante algún evento notable, sea real o ficcional, que nos dejó boquiabiertos. Ver a terceros pasando por la misma situación nos devuelve a la espontaneidad de ese momento auténtico que ya no podremos repetir. Por otro lado, los reaction videos son una buena forma de conocer nuevos contenidos, ya que con frecuencia descubrimos un artista, una canción, una serie o una actividad al ver la reacción que provoca en alguno de estos youtubers. De esta manera el fenómeno parece tener disparadores opuestos: nostalgia y descubrimiento.

Pero la pulsión por ver “gente experimentando cosas” tienen explicaciones tanto neuronales como sociológico-culturales. Hay una teoría científica, aún en etapa de investigación, que sostiene que nuestro cerebro alberga “neuronas espejos” en sus zonas frontal y parietal que se estimulan cuando observamos expresiones y acciones determinadas. Esto origina un sentimiento de empatía, una sensación que puede resumirse en la frase “¡Ey, somos iguales!”. La neurocientífica Lisa Aziz-Zadeh explica “Las neuronas espejos desencadenan un sistema que simula las acciones de otras personas dentro de nuestro propio motor de representaciones, por lo que se piensa que ayudan al entendimiento social. Así la arquitectura neuronal contribuye al proceso empático, aunque probablemente haya otros sectores del cerebro también involucrados en esto”.

Algo evidente es que las reacciones más interesantes son aquellas en las que individuos de un grupo específico (generacional, étnico, socio-económico o geográfico) accede a una creación cultural perteneciente a otro grupo distinto. Aquí a la frescura de descubrir algo desconocido se agrega la evidencia de las distancias de todo tipo que hay entre los distintos grupos de pertenencia.  Por ejemplo, si en el buscador se coloca la frase “Niños reaccionan” o “Adolescentes reaccionan” aparecerán muchas opciones registrando como los más jóvenes se sorprenden frente a objetos, canciones, películas o costumbres de otras décadas. Ese asombro subraya los cambios en los consumos culturales, algo que se repite en sentido inverso en los videos que muestran personas mayores reaccionando a artistas o modas juveniles. La autenticidad parece acortar las diferencias generacionales, se trate de un infante descubriendo un programa de los 80’s o de un anciano shockeado frente a Billie Eilish o un violento videojuego.

Más reveladoras son las respuestas de personas que descubren cosas populares que nunca advirtieron porque no eran consumos habituales en su círculo. Por ejemplo, la web está poblada de videos de afroamericanos reaccionando a clásicos de rock progresivo, del synth pop o el heavy metal debido a que estos géneros no son escuchados en su comunidad, por lo que es revelador ver su gestualidad al oírlos por vez primera. Un caso semejante es el de los youtubers norteamericanos, chinos o europeos que descubren clásicos del rock argentino (chequear los videos sobre Prófugos de Soda Stereo, la canción más ‘reaccionada’ de YouTube). En ese grupo entra Lewis Shawcross y su mirada curiosa sobre la música latinoamericana ¿Puede haber algo de ignorancia colonialista detrás de estos habitantes de países ricos que ahora descubren la cultura de la periferia? Haría falta una tesis completa para contestar esa pregunta.

Pero lo que termina primando en este fenómeno es una pulsión empática internacional. Cientos de fanáticos del K-pop de distintos lugares del mundo se conocen al reaccionar a clips de sus ídolos e imitar sus coreografías, un grupo de chicas de Nigeria llamadas African Girls and Asia consigue miles de suscriptores con sus reacciones, conscientes que así logran “abrir los ojos del mundo sobre la cultura africana” y varios canales escandinavos se sorprenden al ver costumbres latinoamericanas; por citar algunos de los casos de intercambio multicultural que se originados por estos contenidos. Las video reacciones, con sus infinitas variantes, constituyen una forma de achicar distancias en la era digital, un peldaño más de crecimiento en eso que el filósofo Marshall McLuhan llamó la Aldea Global.

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