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Viaje al fondo del Euro-pop

Son clásicos que nunca faltan en una fiesta retro, pero pertenecen a un género muy criticado. Esta es la historia de un puñado de canciones del Viejo Mundo conquistaron las radios y las discotecas globales.

Hace unos meses Netflix estrenó la pelícual Eurovision Contest: The History of Fire Saga, una comedia en la que Will Ferrell y Rachel McAdams interpretan a una pareja islandesa cuyo sueño es participar y ganar el Festival de Eurovisión, certamen que desde 1956 elige entre un grupo de canciones de distintas nacionalidades europeas cuál es la mejor del año. Aunque el film tiene un tono claramente paródico sobre el componente kistch del concurso, nunca deja de retratarlo con cierta ternura. Es probable que, como Ferrell descubrió el evento gracias a su novia sueca, pudo darse cuenta, más allá de las bromas, del impacto cultural que tiene en el Viejo Continente.

En Estados Unidos la música pop europea y sus variantes (ítalo disco, french house, eurodance, etc) es vista como un fenómeno ajeno, por lo que son pocas las canciones del género que allí lograron una difusión masiva. Pero no pasa lo mismo en el resto del mundo, donde varios números europeos coparon los rankings durante años, particularmente en Latinoamérica y el lejano oriente. Con su espíritu hedonista pero siempre melódico, estas canciones fueron adoptadas como himnos por muchas minorías, creando un legado colorido y desprejuiciado. Aquí repasamos algunos de los artistas que contribuyeron a esta tradición que hoy empieza a ser reconocida.

Abba: La banda que lo cambió todo sin haber planeado nada. Agnetha Fältskog, Anni-Frid Lyngstad, Björn Ulvaeus y Benny Andersson eran artistas con cierta trayectoria en la escena de Escandinavia cuando se unieron para formar un cuarteto pop. En 1974 fueron elegidos para representar a Suecia en Eurovisión con su canción Waterloo y ganaron contra todos los pronósticos (Eurovisión Contest comienza citando con ese momento). A partir de allí no dejaron de crecer en popularidad, primero en Europa, luego en áfrica, Asia y América Latina, hasta finalmente ganar el esquivo mercado de EE.UU.  Con el tiempo hasta rebeldes rockeros como John Lennon y Pete Townsend reconocieron que eran fans de Abba. Es que disco a disco Bjön y Benny fueron creciendo como compositores, ofreciendo temas cada vez más sofisticados y maduros. Pero la ruptura de sus relaciones personales derivó en su separación en 1983, aunque nunca fue oficializada. Quizás por eso los rumores de reunión siempre vuelven periódicamente.

Boney-M: Con la música disco en pleno apogeo el alemán Frank Farian, que había intentado llevar adelante una carrera solista sin suerte, decidió que necesitaba crear algo espectacular para entrar en la industria. Muy astutamente convocó cuatro cantantes y bailarines de origen caribeño y ensambló Boney-M, uno de los números más exitosos del euro-disco. Durante la segunda mitad de los 70’ no pararon de tener hits. Basta con buscar temas como Sunny, Daddy Cool, Rasputín o The Rivers of Babylon para sorprenderse por la mezcla de melodías pegajosas, grandes arreglos de orquesta y las lunáticas coreografías de Bobby Farrell. Es cierto que el grupo solo parcialmente cantaba en las grabaciones, pero a nadie le importó en las discotecas de la época.

Modern Talking: Dieter Bohlen y Thomas Anders llevaban años intentando tener éxito con canciones en alemán, cuando en 1984 decidieron refundarse como Modern Talking y cantar en inglés, transformándose rápidamente en el acto euro-pop más vendedor de la historia después de Abba. A pesar del espíritu fuertemente camp de sus videos, siempre haciendo playback en programas televisivos de dudoso gusto, hicieron bailar al mundo durante años y hasta se dieron el gusto de tener un exitoso retorno a fines de los 90’. Además, como productor de otros artistas, Bohlen ayudó a crear un nuevo estilo, alejándose de las orquestaciones disco y llevando al género hacia el sonido electrónico que lo caracterizaría durante la siguiente década.

Baltimora: Este proyecto es una buena muestra de la forma azarosa en la que nacieron muchos proyectos del euro-pop. El compositor y arreglador italiano Maurizio Bassi vio al paramédico y bailarín vocacional irlandés Jimmy McShane moviéndose virtuosamente en una disco de Milán y le propuso ser la imagen de su nuevo proyecto musical. El resultado fue una serie de grandes singles: Chinesse restauran, Woody Boogie y, sobre todo, Tarzan Boy, quizás la canción más difundida durante la temporada 1985/86. Bassi compuso, tocó varios instrumentos y cantó, mientras que McShane fue la imagen en videos y entrevistas. Aunque Baltimora no tuvo una larga vida comercial, la historia de su carismático frontman, quien volvió a Irlanda para fallecer de SIDA en 1995, es digna de un artículo propio.

Milli Vanilli: El gran escándalo que manchó a la música dance. Rob Pilatus y Fabrice Morvan, un dúo germano-francés de ascendencia afro, soñaba con triunfar dentro del mundo de la música y tuvo su golpe de suerte al ser contactado por el mecenas Frank Farian. Pero al productor no le convencieron sus voces, por lo que los reemplazó por otros cantantes de sesión en su primer disco. Fue el comienzo de una pesadilla. Mientras Girl You Know it’s True subía en los rankings algunos sospecharon que los muchachos no cantaban en las grabaciones, sobre todo cuando en las entrevistas quedaba claro su limitado manejo del idioma inglés. Un incidente con un CD pregrabado durante una presentación ‘en vivo’ aceleró los hechos, mientras el dúo le pedía a Farian grabar un nuevo álbum en el que pudieran usar sus verdaderas voces. Nunca ocurrió. Abandonados por su productor a fines de 1990, dieron una humillante conferencia de prensa reconociendo que no eran suyas las voces que sonaban en los álbumes, perdieron el Grammy que habían ganado unos meses atrás y enfrentaron mil demandas de fans que se sentían estafados.

Technotronic: Otra de esas agrupaciones que se vendían como norteamericanas, pero en realidad eran cocinadas en estudios europeos. Technotronic fue una creación del belga Jo Bogaert (alias Thomas De Quincey), un ex estudiante de filosofía devenido en productor musical que, junto a la rapera Ya Kid K, escribió el hit Pump Up the Jam, número 1 en todo el planeta. Aunque el video original del tema mostraba a una modelo fingiendo cantar la canción, pronto el grupo incluyó a Kid K y otros miembros en futuros singles, videos y presentaciones para generar una imagen más seria. La novedad que trajo el proyecto fue la introducción del hip-hop en sus canciones, una fórmula que luego siguieron otros actos de eurodance como Real McCoy, Black Box y Snap.

Hacia fines de los 90’ la música bailable europea empezó un lento declive, en parte debido a la aparición de números de electrónica respetables, como The Chemicals Brothers y Daft Punk (aunque ambos reconocían ser influidos por el europop), pero también porque fue perdiendo la variedad de sus inicios. Por otro lado, siendo un estilo que económicamente se sostenía gracias a la manufactura de singles exitosos, no supo encontrar la manera de reinventarse con las nuevas formas de distribución que trajo internet.

Sin embargo, su legado continúa. Con su teatralidad, sobreproducción y espíritu inclusivo, el euro-pop es una de esas anomalías que cuesta reconocer en público. Pero como señaló Will Ferrell sobre su película: “Queríamos tener canciones que quisieras tocar y cantar nuevamente a pesar de que al principio te rieras de ellas. Por eso, la segunda vez que escuchas la canción, la estás cantando. Todo es un placer culpable”. La frase es un buen resumen para esta historia.

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