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Viandas espaciales

¿Se puede comer una hamburguesa en el espacio? acá te mostramos de que se alimentan los astronautas cuando están lejos de la tierra.

Una clásica fantasía infantil consiste en pensar que la luna está hecha de queso. Pero ningún tripulante del Apolo 11 confirmó esta imagen poética, lo cual es una pena, ya que durante sus extensos viajes no existe la posibilidad de probar nada que pueda ser calificado como sabroso. El menú de los astronautas es un capítulo aparte en lo que a cocina se refiere y ahora que la NASA echó a andar su proyecto para llegar a Marte vuelve a estar en el tapete.

Dentro de la ciencia ficción suele mostrarse a la comida del futuro como algo espantosamente sintético. Una pasta o una píldora con sabor a pollo, puré de espinacas o a otro alimento es la gastronomía futurista según novelas y película, algo que no difiere demasiado de la realidad. Los míticos Neil ArmstrongEdwing «Buzz» Aldrin Jr. y Michael Collins durante su periplo a la luna se alimentaron principalmente a partir de unos «platos» consistentes en comida deshidratada contenida en envases similares a dentífricos y sachets. Inyectando agua caliente o fría en esos tubos el contenido se rehidrata y es apto para ser consumido. Mientras tanto, los soviéticos fueron los primeros en estudiar los efectos de la microgravedad en la digestión humana, utilizando principalmente comida enlatada.

Siendo sinceros, la comida que se come en los viajes terrestres tampoco suele ser demasiado apetitosa. Muchas veces un diente del tenedor de plástico mordido accidentalmente es lo más suculento dentro de los menús insípidos que se sirven aviones y colectivos de larga distancia. Esto nos da la pauto de cuanto peor es la alimentación en los viajes espaciales, en los que la comida debe conservarse en buenas condiciones durante un prolongado lapso de tiempo, además de cubrir las necesidades nutricionales de los tripulantes, que son bastantes diferentes a las de una persona que pisa suelo terrestre.

La ausencia de gravedad en el espacio provoca una gran pérdida de masa ósea y volumen muscular en los astronautas. Esto echa por tierra la fantasía de que basta con llevar toneladas de conservas enlatadas, ya que estas contienen altas cantidades de sodio, el cual desgasta aún más los huesos; algo que puede combatirse con alimentos ricos en vitamina D. Los nutricionistas también han creado un suplemento de aminoácidos para estimular la síntesis de proteínas en los músculos. Además hay que recordar que el envejecimiento también se acelera en el espacio, por lo que muchas de las comidas comparten virtudes con las que se les suelen recomendar a las personas mayores.

Otro problema es que los tripulantes estelares, al no tener una atmósfera que los proteja, están expuestos a altas cantidades de radiación solar. Para contrarrestar esto los médicos de la NASA han perfeccionado un cóctel especial de antioxidantes a base de soja, rico en vitaminas C y E. Combinado con el consumo de aceite de pescado y distintas fibras esto disminuye la posibilidad de un cáncer a largo plazo; una de las peores consecuencias de la oxidación de las células debido a la alta radiación.

Además de la comida deshidratada y los suplementos vitamínicos/proteínicos especialmente creados, los astronautas pueden llevar algunos alimentos normales. Fideos, donas, galletas saladas, barras de cereales, sobres de jugo saborizado y ciertas golosinas son los «permitidos» por los que los viajeros pueden optar. No hay que olvidar que se deben evitar comidas con granos y migas, así como líquidos mal envasados, ya que la situación de ingravidez puede ocasionar incomodidades e incluso incidentes. Imposible no recordar el desastre que desató Homero Simpson con aquel paquete de papas fritas en el capítulo en el participa de un viaje espacial. También existen cubiertos magnéticos que se pegan a la mesa cuando no se usan para que no anden flotando por ahí.

A lo largo de las décadas se ha ido mejorando la variedad de comidas para los cosmonautas, con el principal objetivo de que estas sean lo más parecidas posibles a las terrestres. Los tripulantes han llegado a comer un 50% menos de lo que habitualmente comen, lo que se debe a una inapetencia que los afecta, así como al fenómeno de «monotonía en el sabor», que es una forma elegante de decir que la comida sintética termina aburriéndolos. Hoy ya existen unas 70 comidas diferentes y unas 20 bebidas distintas para disfrutar durante las misiones.

El próximo y ambicioso objetivo es arribar a Marte en el año 2030. Como se tratará de un viaje de seis meses, sumado a una estadía un año y medio más el correspondiente retorno que consiste en otros seis meses, se planean varios cambios en lo que a astro-alimentación se refiere. Para empezar se está diseñando un frigorífico dentro de la nave – que hasta ahora no llevaban sistema de refrigeración alguno – para conservar grandes cantidades de comida. Desde el año 2013 un grupo de seis personas ha sido aislado periódicamente en un ambiente artificial de condiciones similares a las del planeta rojo en unos laboratorios ubicados en Hawái. El experimento se llama HI-SEAS (Hawaii Space Exploration Analog and Simulation) y su objetivo es obtener datos concretos sobre la cantidad de víveres y el presupuesto necesario para la supervivencia de los futuros viajeros.

La científica portorriqueña Yajaira Sierra Sastre, investigadora en el experimento para el futuro viaje a Marte, manifestó recientemente que se ha encontrado la forma en que los astronautas puedan cocinar su propio pan y hasta preparar pizzas. A esto se suma la buena noticia de la confirmación de la existencia de agua en la superficie marciana, lo cual puede facilitarle a los exploradores muchas operaciones relativas a lo gastronómico.

Quienes quieran experimentar en carne propia lo que siente un cosmonauta pueden visitar el sitio Astronautfoods.com, en donde por valores que van entre los 2,50 y 3,50 US$ se puede adquirir alguno de los snacks estelares arriba descritos. Sin embargo todo parece complotar para que el momento soñado en el que se pueda preparar un asado de tira en la superficie de otro planeta esté cada vez más cerca. Eso sí: la rígida normativa de la NASA no permite el consumo de alcohol durante los periplos interestelares. Nadie es perfecto.

Por Luis Alberto Pescara

 

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